Uno entre un millón

marzo 31, 2009

El acontecimiento que dio nombre a una generación, el hombre que conquistó el mundo, el filósofo que mostró el camino…Estas frases hace mucho que están olvidadas en nuestra realidad. Quizá no las frases o las palabras pero los hechos desde luego.

El Estado Social de Derecho ahoga a las personas creativamente, invoca a la más plana normalidad, término totalmente manipulado, inútil y malinterpretado. Triunfa la masa mientras la persona, en singular, desfallece poco a poco. Las libertades del individuo  se someten lentamente  ante las exigencias de la sociedad como un conjunto.

Los mensajes nos llegan a millares haciendo que quedarse plenamente con solo uno sea una hazaña casi homérica. ¿Como mantener la libertad de expresión y de pensamiento de otra manera? Gran pregunta sin gran respuesta. Se debe contribuir y yo el primero, a crear un sistema nuevo de convivencia basado en los valores que hacían honores al término de ser humano. La codicia y el poder  se hunden porque no deben cautivar  más a las personas. No  nos gusta consumir más que producir y no nos gusta comer papel, dinero.


Divagando

marzo 22, 2009

En estos días, como siempre inmerso en la rutina aplastante de la civilización, sociedad en la que ha desembocado ese río bravo y turbulento que es la especie humana, se calman las aguas y aparece la tranquilidad que da paso a la más sincera verdad. Es difícil, ya que dicha rutina es como un molino de viento cuyas aspas hay que detener con tu propia fuerza y tenacidad. La verdad es que el hombre ha sido esclavizado subjetivamente, es decir, sin que él se entere. Se ha demostrado en innumerables ocasiones que por la fuerza no se puede. Vivimos una mentira y solo al final de ella nos damos cuenta de lo que es verdad, siendo tarde para admitirlo, por orgullo humano. Cuando vemos una película donde dice que más vale morir joven pero por algo en lo que crees que envejecer y solo haber vivido para conservarte, se nos pone la piel de gallina. Al salir del cine, a la media hora se nos olvida.

Sin embargo, durante esa media hora, nos paramos a no pensar y solo disfrutamos con la sensación virtual de que no nos importaría morir por lo que creemos como en la película. Esta felicidad no es duradera porque es ficción y como he dicho, volvemos a nuestro maldito instinto de auto conservación.

He de decir que hay dichos que no se toman muy en cuenta, como el de “La fe, mueve montañas”. Y es que a la mayoría de gente ya no les queda ni fe ni ilusión porque no hicieron lo que quisieron cuando era su momento y al hacerse mayores la pared se les hizo muy alta como para escalarla. Por eso se quedaron en ese hoyo contentándose con barro y piedras cuando podían haber llegado a tocar el sol.

Esta situación, me vuelve a recordar a los problemas de la antigüedad. Se decía en Grecia que los dioses aun con su poder e inmortalidad (tecnología, dinero, poder…) envidiaban a los mortales porque vivían la vida de una forma muy intensa por la brevedad de la misma. Porque una situación determinada no se volvería a repetir. Se podría comparar a cuando pruebas algo por primera vez.

Hay muchas personas que lo único que quieren es utilizar a los demás para ganar dinero. Nos inundan con publicidad y más publicidad de cosas que ni siquiera necesitamos. Tienen el corazón tan congelado que ya ni lo sienten latir y cuando leen frases idealistas simplemente dicen: BAH!!! Y siguen con su camino de recolección de billetes para gastarlos en yates para sentir una brisa vacía de sentimientos. Precisamente son los sentimientos los que dan sentido a la vida, es lo que realmente vale la pena. Solo aparecen de esa forma tan fuerte cuando aceptamos que mañana podremos morir. A ese punto vuelvo. Hoy en día nos hemos acomodado tanto que eso resulta extraño e imposible. Como dijo Allan Watts: Cuanto más buscas la seguridad, más inseguro te sientes. Por tanto el instinto de supervivencia ha evolucionado a un instinto de auto conservación supremo (antidolor físico y psicológico) que disminuye nuestras sensaciones y nos sumimos en un estado de apatía solamente disturbado, que no despertado, por nuestro consumismo insaciable.

“Los sueños, inalcanzables, los deseos perjudiciales, señores y señoras, entren al hipermercado que allí, todo lo que necesitan está al alcance de la mano.”

Tenemos todo al alcance de la mano y no luchamos por nada, simplemente nos dejamos arrastrar por la codicia de unos pocos que son exactamente iguales que nosotros

¿Por qué se ha llegado a este punto? Porque siempre ponen la excusa de que nos mataríamos unos a los otros. Posiblemente pero yo he nacido en un punto donde no lo he podido comprobar. Nos controlan de una manera atroz( multas, alcohol, tabaco…) Joder y encima nos dejamos controlar y señalamos con el dedo a los que intentan evitarlo. Reducen la libertad del individuo en favor de la sociedad y llegará un momento en que esto explotará. Por que el ser humano no puede adaptarse a eso. La naturaleza del ser humano es volar hacia la libertad física y espiritual.