La nochebuena de 1836; Yo y mi criado. Delirio filosófico

octubre 14, 2009

El otro día, leyendo a Mariano José de Larra por recomendación de alguna profesora, marqué con tinta roja el título de este artículo. No sé por qué éste en especial, supongo que el nombre me llamó la atención. Qué casualidad cuando al día siguiente, aparece el dichoso artículo en una prueba escrita sobre el célebre periodista/autor. Al leerlo, en seguida supe que mi azarosa elección no  había resultado errónea. Al azar, sí, como suceden la mayoría de las cosas.

<<Tú buscas la felicidad en el corazón humano, y para eso le destrozas, hozando en él, como quien remueve la tierra en busca de un tesoro. Yo nada busco, y el desengaño no me espera a la vuelta de la esperanza. Tú eres literato y escritor, y ¡qué tormentos no te hace pasar tu amor propio, ajado diariamente por la indiferencia de unos, por la envidia de otros, por el rencor de muchos!…>>

Este fragmento pertenece al criado, que llegado este punto, borracho como una cuba, arremete con palabras sabias y punzantes contra Larra. Estas palabras teñidas de vino y de verdad dan certeramente en la diana  y al autor no le queda más remedio que resignarse y aceptar su derrota. No le queda más remedio que implorar al criado que concluya.

Más allá de lo realista que resulta un criado borracho hablando con tanto criterio, nos encontramos con el dichoso personaje evidenciando un defecto o virtud de las personas que escriben. La necesidad de encontrar respuestas, el por qué, el cómo.  Ahí no se acaba la cosa y tras esta ardua tarea, el escritor expresa lo reflexionado esperando ingenuamente que alguien lo lea.

Mientras tanto el criado no pierde el tiempo con estas tonterías, él es un verdadero sabio, un hombre pragmático sin saber que lo es. No busca el sentido de las cosas (la razón de su existencia) para luego darse de bruces con la cruda realidad; no hay ningún sentido o al menos uno que podamos comprender. Todo hecho es causa y consecuencia de otro por azar. Por mera probabilidad. Al criado no le perturba tirar el dado (no sabe que hay un dado), en cambio a Larra sí.

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La vida…

septiembre 29, 2009

Cuantas veces habrás oído estas dos palabras acompañadas de cualquier otra cosa. De verborrea alcohólica, de la más noble retórica o de ambas a la vez. ‘La vida… es muy sencilla’ o ‘La vida…es muy compleja’. ‘La vida… es muy dura’ o ‘La vida…es maravillosa’. Otras veces estas palabras van acompañadas por un silencio seguido de un resoplido mientras el emisor reflexiona sobre su propia existencia vital.

‘La vida…pufff’

Hay muchas formas de vivir la vida, para eso es nuestra y por eso somos únicos. Ninguna es mejor o peor, ninguna puede ser objetivamente comparable pues hay muchas variables distintas: personalidad, estado de ánimo, situaciones, sucesos, decisiones, pensamientos, valores e incluso auto-convencimiento de valores.

Antes de reflexionar sobre todo esto estuve en el AUPA LUMBREIRAS. Un festival de grupos españoles punk rock. Suaves, Piperrak, Reincidentes, Gatillazo… La mayoría desconocidos para mí.

Mientras acampábamos, escuché a nuestros vecinos Noel y Edu (todavía desconocidos) berreando como posesos. A continuación pasó un chaval al lado cantando la canción de Bola de Dragón.

-Noooo!! Nooo!!!!- gritó Edu-. Por Dios! La canción de Bola de Dragón siempre en catalán.

– Bola de Drac Z ¡!!!Son Gohan es el teu nom!!!!!!- cantaron al unísono.

Desde luego que este par de indomables catalanes llevaban una moña impresionante.

Al día siguiente, el personal me pareció un poco hipócrita. Dedicar tu vida a destrozar tu cuerpo, a ingerir cantidades ingentes de alcohol o esnifar speed hasta que te explote el tabique. ¿Todo para qué? ¿Para reivindicar que el mundo es una mierda? ¿Para mostrar a los demás que no quieres vivir?

A medida que transcurrió el festival y yo mismo me pegué mis correspondientes moñas fui comprendiendo un poco mejor el panorama. Escuché a Piperrak y a Reincidentes, escuché a Evaristo y más que escucharle observé su actitud rebelde y desenfadada. Fiel a sus convicciones. Las mismas que explica Johnny Quid en Rocknrolla, aunque puede que Evaristo no tuviese en cuenta las letras en negrita. Seguramente le parecieron aburridas.

La última noche, de alcohol hasta las cejas, fui buscando la belleza surrealista e ideal. Dejé de lado la aburrida perspectiva de la verdad y me sumergí en los cantos de sirena sin preocuparme de que pudiese morir ahogado. Cuando me dí cuenta, estaba sentado frente a una hoguera rodeado de punkis discutiendo sobre el significado de ‘ser normal’.

-¿Crees que es mejor ser normal?- me preguntó uno de ellos.

– Creo que eso de normal es algo muy subjetivo, tú eres igual de normal que yo- le contesté.

– Te equivocas, yo soy un punki, me gusta la música punk, me gusta el estilo de vida que llevo y me seduce la idea de que la belleza llame a las puertas de la muerte ¿Qué es lo que a ti te gusta?


Traeme la noche

septiembre 12, 2009

-Tráeme la noche!

“A quién me dirijo? Si Dios ya no existe, se me pasó la edad como con los Reyes Magos. Pues entonces debo de estar loco. Quién sabe? Me tomaré un whiskey”.

-¿Por qué? ¿Por qué?!!!– me pregunté.

No tenía la respuesta pero hice caso omiso a mi curiosidad y seguí mi camino. Un camino que se ensanchaba a medida que me tomaba el cubata. Abría las puertas de la percepción, a mí manera, claro está. Mi potencial, las posibilidades de que ocurriese algo extraordinario, se multiplicaban por uno.

-Desde luego que es engañoso todo esto- murmuré introspectivamente con la mirada perdida.

La noche ya había caído sobre mí y las estrellas brillaban como en cualquier otra noche veraniega. Brillaban mucho, era una noche mágica…

Seguí caminando por las calles de Madrid. De vez en cuando alzaba la vista y cruzaba miradas con pibas, notas,  maderos o mendigos tirados en el suelo. Ninguna fue amenazadora. Claro que no!!! ¿Por qué iban a serlo? Debería ir buscando una mirada amiga, una mirada comprensiva y al mismo tiempo magnética. Una mirada que sepa abrir la puerta que ya he cruzado hace una hora y sentarse conmigo a charlar en el sofá que hay en mi salón  imaginario.

Si me pasase la noche caminando sin parar, cruzando miradas mientras cruzo la calle por todo el medio… Quizá encontrase esos ojos marrones que reflejen los míos sin vergüenza alguna y me digan con un parpadeo: “Chico es un imperativo que vengas aquí ahora mismo a sentarte conmigo a charlar en mis tumbonas imaginarias”. Podríamos hablar de tantas cosas que aun no he pensado.  De tantos temas salidos directamente del inconsciente sin pasar por ese dichoso filtro.

Desde luego sería algo intensamente extraordinario. ¿Podría ser que se diese fuera de mi imaginación? ¿Fuera de mi salón cuyas llaves solo yo poseo?

Durante unos pasos milagrosamente dejé de pensar y tras una breve pausa sonreí mientras emprendía de nuevo la marcha. Quizá esta noche encontraría la respuesta.


Adrenalina

mayo 16, 2009

Aumenta el ritmo cardíaco, aumenta la tensión arterial, aumenta la cantidad de glucosa en sangre, dilata la pupila para tener una mejor visión y a veces estimula el cerebro para que produzca dopamina, hormona responsable de una sensación de bienestar pudiendo llegar a crear adicción. ¿Adicción inconsciente? Puede ser. Esta hormona segregada por las glándulas suprarrenales es objeto de mi atención. Justa merecedora pues me beneficio de ella día sí, día no.

Somos productores de adrenalina. También somos consumidores de dicha hormona aunque unos más que otros. ¿Qué se siente al descender una montaña en bicicleta? ¿Qué se siente al cabalgar sobre una ola? ¿Qué se siente al echar un polvo? ¿Qué se siente en una pelea? ¿Qué se siente al hablar delante de miles de personas? ¿Qué se siente al cantar delante de miles de personas? ¿Qué se siente al marcar un gol en una final de Liga de Campeones?

El reto está delante de ti. Los nervios entran en escena pero los vas a dominar, sabes que los puedes dominar y alcanzar lo que te has propuesto.  Tu mirada se fija con una seguridad incontestable, embriagada de concentración. La adrenalina te da la fuerza necesaria para completar la hazaña que solo tenía cabida en tu imaginación. Durante unos segundos no existen los segundos, destrozas la sensación de temporalidad, de caducidad.  No existen las preocupaciones, no existe nadie alrededor, solo experimentas el vacío, la nada acompañada de los sentidos elevados a la máxima potencia. Finalmente, tras la emancipación de la tensión, tras el grito estentóreo se da paso al placer, a esa sensación de bienestar, de relajación. Tu rostro por fin desvela una sonrisa.

Liberar adrenalina es un placer. No entiendo como las personas tienden al sedentarismo patrocinado por la caja tonta. Señores, nuestro fin último en esta vida ya no es procrear. Somos muchos en este planeta. Démosle unas vacaciones a nuestro instinto de supervivencia. Dejemos de lado la docilidad, la muerte metafórica.  La adrenalina es una sustancia mágica pero también dañina si la almacenas durante mucho tiempo. Tu cerebro se relaja demasiado, tus músculos se reblandecen y tu existencia se domestica. Liberar adrenalina significa ataraxia. Tu entorno se vuelve tuyo, todo carece de importancia. Los problemas se vuelven meras eventualidades mientras caminas sobre una alfombra de bienestar. Algo  superior al cliché de ¿Soy feliz?