Morocco

El principio de un viaje no tiene nada que ver con el final, o sí. Nuestro viaje empezó cansado.

tarifa

Si pasas una noche en la playa de Tarifa puedes acabar muy quemado, nosotros nos quemaríamos más adelante al Norte de Essaouira, pero literalmente. Como la punta de nuestros canutos. Canutos alimentados de un pequeño tesoro conseguido en las inmediaciones de un pueblo llamado Chaouen. Allí  pasamos dos noches entre sueño y sueño. Sueño de semillas y de montañas, de chilabas y de historias de un gallego carente de  morriña.

rif

Tras un leve percance en carretera, el Twingo empezaba a demostrar que no era la caja de cerillas que aparentaba en Madrid. Tras doce años todavía tenía mucho que decir.

dibujo-marroc-twingo

En Fez, el sueño fue escueto, aunque la noche placentera.

-Yo solo tengo una cara.

El amigo Noradine nos lo decía mientras Leanora nos miraba con sus ojos inexpresivos. Nosotros también teníamos una sola cara solo que no alardeábamos tanto. El agente del caos empezaba a repartir sorpresitas.

El siguiente sueño nos dejó mucho más despiertos, conocimos la campiña marroquí bastante a fondo. Incluso tuvimos el privilegio de intercambiar unos gestos con un agricultor a la mañana siguiente.

agricultor

Mañana que se hizo bastante dura, pues habíamos dormido poco. Al llegar al albergue juvenil de Marrakech nos tumbamos en la cama y descansamos merecidamente.

La Koutoubia, la plaza de Jamaa el Fna o la terraza del hostal donde nuestra chimenea echaba humo.

El Atlas fue otra cosa. Fue la escalada hacia el cielo, hacia la brisa incesante, hacia las montañas de hielo. Fue el reencuentro con nuestra fortaleza, la promesa de una posible proeza.

alto atlas

Essaouira nos mandó hacia el Norte y antes de Safi acampamos en el reino de los pescadores. Reino de unos pocos, sin temor a ser compartido pues la playa siendo de ellos, por dos días, pasó a ser nuestro territorio. Vasto cielo sobre vasta arena. El mar rugía sugiriéndonos prudencia y al mismo tiempo confianza. Confianza que nos dio el fuego como al hombre primigenio.

playa

A los dos días ya no deseábamos otra cosa que otra playa  donde acampar. Ver las estrellas y observar el fuego a la luz de un buen canuto. Casi anocheciendo logramos el deseado emplazamiento. Hasta mañana.

fuego

Buenos días y buen apetito nos decía la policía. Más tarde nos recomendaría que nos fuésemos, que era peligroso. Peligroso sí, para la infraestructura hotelera marroquí .

acampada

De esa advertencia a Casablanca, de ahí a Tánger y de allí a Madrid. Cansados pero exprimiendo el sentimiento de libertad e independencia al máximo, como durante todo el viaje.

acantilado

Una respuesta a Morocco

  1. Byron dice:

    qué envidia! Vaya viajazo!

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